Sobre el tema de parafilias, tal y como se mencionó en el primer blog, hay mucha tela que cortar en cuanto al uso de dicho término de forma patológica. Tal y como lo razonó el sexólogo y psiquiatra Juan Luis Álvarez Gayou, la clasificación propuesta por John Money indefectiblemente lleva a pensar que hay un centro sobre el cual se deben de categorizar a las personas, y que dicho Centro entonces se convierte en la "normalidad" sexual para los individuos.

Uno de los problemas en la categorización de Money es que su propuesta se basa en el amor dentro de la pareja, razón por la cual también las expresiones que adolezcan de amor no estarían siendo contempladas como expresiones válidas de la sexualidad.

Bajo esa línea, y en aras de la objetividad, la neutralidad, y sobre todo evitar prejuicios que causen perjuicios a las personas a la hora de ser valoradas, es que Alvarez Gayou propuso las categorías de "Expresiones Comportamentales de la Sexualidad" las cuales hacen referencia de forma no calificativo a los comportamientos que tienen las personas sobre su sexualidad.

La idea fundamental es evitar tener que categorizar como patológico o saludable un comportamiento sexual de una persona, convirtiéndolo simplemente en una forma particular por medio de la cual la persona identifica y expresa su propia sexualidad. Para ello es muy importante tener en cuenta que existen dos "referentes" o principios fundamentales sobre los cuales una expresión va a hacer vista: un "referente social", el cual implica que la expresión tiene un contexto social, y ello mismo nos hace pensar que una expresión para ser apropiadas no debe de ser delictiva; y un segundo parámetro que es el "referente personal" el cual implica que la persona al realizar una práctica sexual, no atenta contra la integridad psicológica propia.


De manera inicial, la valoración y de las expresiones de la sexualidad se debe de entender en dos grandes esferas, una "no erótica" y otra "erótica". Ello implica que en las expresiones que se ubican dentro de la dimensión no erótica, son comportamientos que manifiestan una inclinación o predilección por dicha expresión, más sin embargo no se relacionan con la activación del ciclo de deseo sexual y la respuesta sexual en si misma con fines eróticos sexuales, razón por la cual no provocan excitación sexual en la persona. Es decir por ejemplo, que una persona que tenga la expresión No Erótica Acentuada de la Zoofilia, será una persona que se dedique por ejemplo al "rescate animal", a ser veterinario o cuidador de mascotas, y no por ello va a desear tener sexualidad activa con el animal con el que esté en contacto.

En la segunda gran dimensión, correspondiente a la erótica, las expresiones y tienen una relación directa con el ciclo de respuesta sexual, razón por la cual susceptibles de activar el deseo, la excitación, y eventualmente llevar al orgasmo. Es acá donde por ejemplo una expresión como la Fobofilia (sexo en situaciones que provoquen ansiedad) tienen influencia en el individuo de manera tal que pueden convertirse en un la práctica altamente gratificante, y funcionan como un disparador de la excitación y el deseo. Siguiendo el ejemplo de la fobofilia, implicaría un gusto de la persona por sexo en elevadores, autos en sitios públicos, o en situaciones en las que pueda ser descubierto.

En esta área erótica, las expresiones se dividen en niveles fantasiosos, mínimo, preferente, predominante, y exclusivo, haciendo referencia cada uno de ellos a la necesidad del individuo de la práctica para su excitación sexual, y también a la frecuencia con la que lo realiza. Por ejemplo en el nivel fantasioso, la persona no lleva a la práctica su expresión, simplemente piensa en ella, y el pensar en lo que resulta gratificante. No necesariamente se llevará la práctica alguna vez, pues bajo el principio el referente personal, es posible que practicar la expresión pudiera ser contraproducente para el individuo. De allí la aplicación de la frase de que no todas las fantasías deben de cumplirse, algunas de ellas deben de quedar única y exclusivamente en el ámbito fantasioso.

Por otro lado, hay personas que realizan una práctica, pero su frecuencia no es alta, por ejemplo una o dos veces de cada diez, eso es lo que se entiende como Expresión Erótica Mínima, lo que hace que individuo disfrute de la práctica, pero no es requisito para que exista el contacto con otra persona, y aún así sigue siendo susceptible de la excitación, deseo y orgasmo.

La finalidad entonces de esta nueva clasificación es poder lograr que las evaluaciones se distancien de los juicios de valor emitidos por el entrevistador, y evitar así la patologización de algo tan natural como lo es la forma de vivir la sexualidad.







tomado de: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/13982515/Desordenes-sexuales-cual-es-el-tuyo.html


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En esta ocasión, dejo por acá la reflexión de mi querido amigo Henry Quesada, sobre el uso del término homofobia, el cual transcribo íntegro tal cual me lo dió.

 
                                                                       “No busquemos solemnes definiciones de la                                                                       libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad.”
George Bernard Shaw




ACERCA DE LA HOMOFOBIA


E
n el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, o DSM, uno de los manuales psiquiátricos más usados por los psicólogos del todo el mundo, la homosexualidad fue descartada en 1973 por la APA, como trastorno mental, y en 1974 la séptima edición del DSM-II la calificó como un desorden de la orientación sexual, más en 1990, la OMS la elimina del listado de trastornos mentales, aunque al fetichismo transvestista aún tomaría más tiempo.
    Ciertamente la exclusión de la homosexualidad de este manual de trastornos mentales fue un gran avance en la aceptación de las diferentes estilos de vida, por no mencionar el hecho de que con este acto se corrigió una situación que nunca se debió haber dado, y esa es psiquiatrizar todo aquello que resulta diferente, o en otras palabras, convertir en enfermedad mental lo que sencillamente es diferente.
     Ahora bien, en la actualidad también se ha psiquiatrizado otro término que para mi, se ha usado indiscriminadamente de forma errónea y ese término es homofobia.
     La homofobia hace referencia a la aversión obsesiva (homo que significa hombre y fobia, del griego antiguo "Fobos", ‘pánico’) contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles.
     Ahora bien, estoy claro y de acuerdo con el hecho de que existen personas que sufren de homofobia, cuyo caso debería incluirse este término en le DSM.   En lo que no estoy de acuerdo es que se use el término homofobia de la forma en que se ha usado hasta este momento.   Me explico.
     En la forma más estricta del término, que creo es la que debe tomarse, una fobia (palabra derivada de "fobos", en griego antiguo, pánico) es un trastorno de salud emocional o psicológico que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas.
     Estas fobias tienen básicamente tres síntomas importantes que las caracterizan a todas y esas son:

a) Importante incremento de la activación vegetativa: taquicardia, sudoración, vasoconstricción periférica, enrojecimiento, palidez, malestar estomacal, sequedad de la boca, diarrea, etc. (reacciones a nivel del sistema fisiológico).
b) Conducta de evitación o escape: cuando el sujeto se encuentra inesperadamente en la situación temida, si el sujeto es forzado a mantenerse en dicha situación, entonces pueden aparecer perturbaciones de la ejecución motora a nivel vocal y/o verbal: voz temblorosa, muecas faciales, movimientos extraños de las extremidades, rigidez, difluencias, etc. (reacciones a nivel de sistema motor).
c) Anticipación de consecuencias favorables o catastróficas: es la evaluación negativa de la situación y/o de las propias capacidades, la preocupación por las reacciones semánticas y los pensamientos de escape o evitación (reacciones a nivel del sistema cognitivo).

     Tomando en consideración estas sintomatologías, no todas las personas que se les llama homofóbicas encajan con las características que le son tan propias de las fobias, o dicho de otra manera, la homofobia si bien existe, no está siendo utilizado correctamente para diagnosticar, por lo que muchas personas que demuestran una clara aversión hacia las personas LGTBI se les ha llamado homofóbicos sin serlo, al menos no epistemológica y psiquiátricamente hablando, omitiendo de esta forma los criterios clasificadores.
     Y es que yo no podría negar que existen personas homofóbicas, por supuesto que las hay, pero colocar dentro de esta clasificación, por ejemplo, a las personas que no sienten empatía, pero que no odian a las personas LGBTI, o bien a las personas que sienten un fragrante odio por las personas LGBTI, hace que se rompa con el criterio diagnóstico y esto, termina por vulgarizar e invalidar lo que en principio debería ser un trastorno psicológico.
     Así pues, las personas que odian a las personas LGBTI, más que una fobia se acercan más a las características de la misoginia la cual se define como el odio o la aversión hacia las mujeres o niñas.  
     Esta misoginia puede manifestarse de diversas maneras, las cuales van desde la denigración y discriminación, hasta la violencia y la cosificación sexual de la mujer.
     Debido a esto, es mi opinión, que se ha usado el término homofobia de manera masiva para señalar a todas las personas que pueden sentir una aversión y/u odio hacia las personas LGBTI, y por tal ha sido usada de forma errónea, pues en realidad lo que debería usarse es misoginia, en cuanto lo que se aborrece es la feminización.
      Por lo anterior es mi propuesta que:

1-      Sea más estricta la utilización del término homofobia, apegándose a los criterios diagnósticos de las fobias.
2-      Que se use el término misoginia refiriéndose a las personas que llegan a sentir una aversión, sobre todo agresiva, contra las personas LGBTI
3-      Si es del caso, que se construya un término que se refiera exclusivamente a las personas que sienten una aversión, sobre todo agresiva, contra las personas LGBTI.
4-      Que no se patologice a las personas por el simple hecho de no sentir afinidad por alguna persona LGBTI, pues así como fue un error patologizar a la homosexualidad, sería otro error patologizar un conflicto de caracteres.







Uno de los temas que más ha llamado la curiosidad lo largo del tiempo es el tema de las prácticas sexuales que las personas no consideran tan "normales" o bien "tradicionales". A estas prácticas que en algún momento se les conoció y denominó bajo la etiqueta de "perversiones" por ser consideradas también como "desviadas", a partir de la década de los 60 se les conoció como "parafilias".

El creador de dicho término es John Money, quien entendió por parafilia un "amor más fuerte e inclinado por…". Esto obedece en primer lugar aquel término apareció en el libro intitulado "los mapas del amor", razón por la cual no es de extrañarse que el autor se haga referencia en todo lo largo de su libro a los comportamientos que son esperables en las prácticas amorosas.

La relación que plantea John Money al referirse en que existe una inclinación más fuerte, trae implícita la afirmación de que existe un eje central, razón por la cual el autor parte de la idea de que existe algo que puede ser denominado y considerado como "normal".Tal vez la intención inicial del autor fuera extraer las parafilia de los contextos de desviaciones y de perversiones, más sin embargo el hecho de establecer una normalidad tal y como lo señaló en su momento el sexólogo Juan Luis Álvarez-Gayou, inevitablemente cae en el detalle de volver a categorizar dichos comportamientos. Sin embargo estas críticas las abordaremos en la segunda parte de este blog.

La parafilia se entiende entonces como una inclinación activadora del deseo sexual que resulta eficaz y eficiente para la persona precisamente la labor de activar su deseo. Consiste entonces en prácticas sexuales que están destinadas a generar también un alto nivel de excitación y por tanto que influyen directamente en la función orgásmica de una persona.

En dicha función de influencia sobre el deseo sexual, las parafilias pueden considerarse desde leves, hasta exclusivas. Entendemos por leves cuando el objeto o situación que resulta excitante puede estar presente de forma ocasional en una actividad sexual, pero no es requisito imprescindible para la excitación del individuo. Cuando decimos que es exclusiva, quiere decir que el objeto o situación debe de estar presente en la totalidad de las ocasiones, y que es requisito imprescindible para que el individuo pueda alcanzar su deseo, excitación y por ende su orgasmo y satisfacción, es decir que debe de estar presente en la totalidad de las actividades sexuales, y que en ocasiones puede sustituir el acto sexual con otra persona.

Bajo esta connotación, entendemos entonces que las parafilia son de finalidades eróticas, y que tienen una relación directa con la actividad sexual de una persona.

John Money agrupó las parafilias en seis tipos distintos, o seis categorías distintas, dentro de las que se agrupan las prácticas comúnmente denominadas como "filias" de las personas. Si bien es cierto para este año 2016 estas clasificaciones han sido superadas, y mejoradas por mucho, como dato histórico es bueno conocer dicha clasificación:

- Parafilias sacrificadoras: se refiere a aquellas en las que uno o ambos sujetos deben ser castigados por sentir lujuria. Según el autor dicho parafilia puede abarcar desde un juego de consentimiento mutuo, hasta crímenes lascivos con personas desconocidas. Se puede incluir acá el sadismo, el masoquismo y la catástrofilia (excitación por los desastres).

- Parafilias depredadoras: son aquellas donde sólo puede tolerarse la lujuria cuando se toma por la fuerza ya sea el sexo, o bien un objeto. En este tipo parafilia la persona puede imaginar o actuar ya sea como el victimario, o como la víctima. En ese tipo de parafilias se puede realizar desde un juego en el que se opone la resistencia, hasta encontrarse excitado por ser víctima de un secuestro.

- Parafilias mercantiles: el autor menciona que es cuando sólo las personas "malvadas" puede sentir el placer. Como por ejemplo aquellas en las que la persona se siente excitada por sentirse "como prostituta", o bien aquellas en las cuales la persona puede tener sexo telefónico, web cam, y siente placer al sentirse que está siendo contratada, o bien ser el contratante.

- Parafilias fetichistas: es cuando la persona incluye dentro del acto sexual algún objeto que ella considera como "perverso". El objeto escogido se le denomina fetiche debido a que se le "culpa"o "responsabiliza" a él de la excitación sexual, desligándolo de la responsabilidad personal del individuo.

-Parafilias selectivas: cuando las personas que se encuentran como sexualmente apetecibles, no deberían de estar dentro del grupo aceptable de personas sexualmente apetecibles. En esta categoría la connotación de "aceptable" está determinada por los cánones sociales.Un ejemplo de ello es lo que Money denominó la "paidofilia inversa", que consiste en el gusto atracción de una persona joven por una persona mucho mayor.

- Parafilias atractivas: cuando es necesaria una determinada etapa de comportamiento, que puede preceder al coito y que se convierte en el "acontecimiento principal". En esta categoría es donde tradicionalmente se ubica el exhibicionismo y el voyeurismo.

Ahora bien, como ya se dijo esta clasificación si bien es cierto en su momento representó un avance significativo respecto a las clasificaciones previas de "perversión" o de comportamiento "degenerado", en la actualidad ha sido superada por mucho gracias a los nuevos aportes de la sexología científica moderna.

Las concepciones más recientes, basadas en criterios más descriptivos y objetivos, serán el objetivo de la parte dos de este blog.








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Uno de los temas que puede resultar reiterativo, y de alta frecuencia en la consulta psicológica es el entrenamiento en solución de problemas para los consultantes. Ello obedece a que existe una alta cantidad de problemas psicológicos asociales a la ansiedad, la depresión, el "stress", situaciones conflictivas de pareja, laborales, y otro número elevado de circunstancias en las cuales uno de los principales factores que generan malestar, es la incapacidad concentrarse, y por ende, se afecta la capacidad de resolver problemas eficazmente.

La literatura sobre la apropiada resolución de problemas no es escasa, todo lo contrario abunda, sin embargo no está de más brindar una pequeña repasada a dicho tema. Si bien es cierto la mayoría de protocolos sobre el tema inicia con la "definición clara del problema", a título personal siempre he recomendado hacer un paso previo: "determine si el problema es SU problema". Ello obedece a que una enorme cantidad de problemas cotidianos que rondan en la cabeza de un individuo, no son problemas propios, sino más bien son el resultado de la insana costumbre de cargar con problemas de los demás. No esta mal tener empatía, y mucho menos ser solidario y altruista; pero no que confundir esas cualidades con el "ser buena persona" por estar acarreando con problemas ajenos.

Si un problema llega a sobrevivir el primer filtro, entonces si se puede pasar a la fase de "definir con claridad el problema". Ello implica que un problema debe de ser abordado sin las emociones, anhelos, y espectativas que tenga un individuo sobre cómo debería de ser la solución. Decir "me gustaría salir de deudas" no es un problema, es un anhelo o un deseo. Para que sean problema concreto debería de ser reformulado como "cancelación de deudas, reducción de gastos, o incremento de ingresos". De esta manera el problema es concreto y carece de anhelos, deseos y emociones, las cuales deben de excluirse del problema, ya que normalmente son el primer obstáculo para poder resolver un problema.

Seguidamente se puede entrar a la tercera fase la cual implica "generar todas las posibles soluciones". En dicha fase interesa producir la mayor cantidad y variedad de soluciones para el problema, no importa el tipo y clase de la solución, lo importante es que exista una gran cantidad y variedad de las mismas. En esta fase no se está valorando la viabilidad o pertinencia de las soluciones, ni mucho menos si la solución agrada a la persona, solamente se desea tener un amplio número de opciones disponibles.

Una vez que se identificado una buena cantidad de soluciones, puede procederse a determinar "viabilidad de las soluciones". Ello implica determinar cuáles factores a favor o en contra existen para cada una de las soluciones. Es en este punto donde se realiza un barrido para descartar la soluciones que son poco factibles, o difíciles de llevar a la práctica. En este punto tampoco resulta relevante si la soluciones son de agrado para la persona, ya que como se explicó los anhelos y deseos no están siendo tomados en cuenta.

Finalmente en el último paso de "escogencia de las soluciones" se debe de optar por elegir tres soluciones como mínimo de las que se han enlistado previamente, y es posible priorizarlas como opción uno, opción dos, y opción tres. De esta manera si la primera opción no llegara a concretarse, ya existen dos alternativas disponibles y en fila para poder ser empleadas.

Son dos las reglas generales que se aplican a la solución de problemas. La primera de ellas es que todo problema tiene como mínimo tres soluciones, razón por la cual la persona debe de enfocarse en cuáles son sus soluciones, y no en cómo generar más problemas a cada una de las soluciones. La segunda de ellas (de las reglas) es que el requisito para que una solución -valga la redundancia- solucione, es precisamente que brinde una alternativa eficaz y eficiente para afrontar el problema; no el hecho de que la solución al grave a la persona. Muchas veces soluciones eficaces son descartadas simplemente porque "no me agradan", pero evidentemente eso es simplemente entorpecer el proceso de solución.









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Los tiempos cambian, y con ellos también los conceptos y acepciones de lo que es una relación. Originalmente, de acuerdo a las normas sociales, la relación socialmente aceptada es la relación "monógama" o "exclusiva" que es aquella donde las personas tienen un único compañero/a sexual y afectivo.  para esta relación, la fidelidad es un eje central, y en ocasiones lo es tanto o más que la buena comunicación, demostraciones de afecto, tareas del hogar, filosofía personal, y otras tantas áreas de una buena pareja.

Existe una acepción dentro de las parejas actuales, llamada "Relación Abierta". En este tipo de relaciones, existe una relación primaria o central, que es la que establecen dos personas con todos los acuerdos de una relación exclusiva, es decir, se desea buena comunicación, intercambio recíproco de emociones, planes a futuro, demostraciones de afecto, tiempo de pareja, familia, amigos, vida social de pareja, etc.  También hay un acuerdo explícito de ambas partes en que la monogamia no es necesaria. Es decir que ambos miembros de la pareja acuerdan que la exclusividad no es necesaria, y que el eje central de su relación serán los afectos.

Ante los ojos de una pareja que cree firmemente en la fidelidad, ésta sería una relación con "permiso para ser infiel".  Esta afirmación no es cierta, ya que los afectos sí están involucrados, y ellos son los que causan la "filiación" que da pie a la fidelidad. La relación abierta es, por consentimiento mutuo, no exclusiva, que es diferente.

Sobre el acuerdo de que no hay exclusividad, la pareja abierta construye un acuerdo paralelo de solidez en su relación, en el cual, a toda persona que sea una "tercera" se le debe mencionar explícitamente que ya hay una relación central donde las emociones están implicadas, y que con ella (la tercera persona) dicho involucramiento afectivo no es posible, ya que para ello está la relación primaria.

Tampoco, como muchos piensan, es una relación basada en el libertinaje, es decir que carece de compromiso en pro del hedonismo sexual. Las relaciones abiertas toman acuerdos sobre el cómo y cuándo se puede tener contacto con una tercera persona, es decir, que no es válido cancelar una cita con su pareja primaria por la oportunidad de contacto con un tercero... la pareja central es primero.

Existen acuerdos por ejemplo de que el contacto será la noche en que alguno se encuentre fuera, o bien acuerdan una fecha específica del mes en que cada quien puede ir a tener su experiencia con terceros. También existen acuerdos sobre los sitios, como por ejemplo que en la casa donde viven los miembros primarios no se puede llevar a un tercero.

En otras ocasiones (subderivadas del troilismo) las personas acuerdan que está bien la diversidad en experiencia sexual, pero que la pareja primaria debe estar presente, no necesariamente participar activamente, pero sí presente.

Sí está claro que este tipo de relaciones, aunque suenen "libertinas", en realidad tienen un nivel de comunicación sumamente alto, y que el manejo de emociones debe ser muy fuerte y sólido. Los celos y la pertenencia de una pareja exclusiva no son deseables en éste tipo de relación, razón por la cual, en caso de aparecer algún celo, se debe revisar de inmediato los acuerdos establecidos para ver si es posible mantenerlos, si hay que modificarlos, o bien si la pareja debe disolverse.

No está demás señalar, que en muchas ocasiones, para reestablecer el equilibrio tanto individual como de pareja, los miembros de la pareja central o primaria acuden a un servicio de psicología para poder reestablecerse apropiadamente.







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Recientemente, en un breve chat que tuve con los usuarios de un sex shop, una de las preguntas que surgieron fue sobre cómo practicar apropiadamente el sexo anal. Ante todo es necesario aclarar que el esfinter anal, anatómicamente hablando, no fue diseñado para una penetración, por lo que carece de la facultad de lubricación, como sí la posee la vagina. Pero, aunque no haya sido diseñada para tal fin, ello no lo excluye como un órgano sensible y que puede dar disfrute a la persona, es decir, si el argumento de las personas que están en contra de dicha práctica es que "no fue diseñado para eso", tendríamos que decir que tampoco debería de practicarse el sexo oral, el orgasmo en la boca de la otra persona, la masturbación con los pechos, etc, etc.  Toda parte del cuerpo humano es susceptible de dar placer.

La práctica del sexo anal no es exclusiva de los homosexuales, eso es un enorme mito, y tampoco es que está de moda recientemente, como también se piensa, es una práctica bastante antigua, y sobran las referencias en la literatura antigua en la que se hace referencia explícita a la misma.

La persona que desee comenzar con dicha práctica, debe comprender que es un proceso que es paulatino y progresivo. Nunca es como se muestra en las películas porno, donde las actrices o actores están previamente estimulados, con el esfinter previamente dilatado y relajado, y además utilizan lubricantes especializados que se emplean dentro del ano, sin que sea visible a las tomas de la cámara filmatográfica.

Dicho esto, comencemos por decir que existen tres posibles prácticas anales: el anilinctus que consiste en la estimulación anal con la lengua; la masturbación anal la cual puede llevarse a cabo con los dedos o con juguetes sexuales; y la penteración anal o sodomización, la cual implica la penetración del pene en el ano. No es una obligación que se guste o se disfrute de las tres prácticas, es decir, una persona puede sentir agrado por la masturbación anal, pero no desear o gustar ser penetrada; o puede sentir agrado por la penetración, pero no sentirse cómoda con el anilictus. Para gustos.. colores...

Si ya se ha tomado la decisión de querer experimentar, y retomando la afirmación de que es un proceso paulatino, lo primero que se debe hacer es tener experiencias "en solitario", es decir recurrir primero a la masturbación, pues se debe sensibilizar el área, y muy importante, el cerebro debe de ir aprendiendo a reconocer dichas sensaciones como placenteras.

En dicha práctica en solitario, lo importante es que la persona sienta la libertad de explorarse a su propio gusto, tiempo y ritmo...   acelerar el proceso nunca es buena idea. En el transcurso de la autoexploración, es conveniente el uso de lubricantes, que son de facil acceso en las farmacias o en tiendas eróticas especializadas. Se puede iniciar simplemente acariciando el área, hasta que la curiosidad natural de la persona le lleve a querer intentar una pequeña penetración con el dedo.

Al seguir ésta línea, es posible que en un determinado momento se desee experimentar con un dilatador anal, este sería un segundo paso apropiado en caso de que la persona desee ir un poco "mas allá". Las prácticas en solitario deben extenderse la cantidad de tiempo que sea necesaria hasta que la persona sienta disfrute personal, y relajamiento apropiado en el esfínter. No existe un tiempo recomendado como si se dijera "15 días"; en realidad es una norma de tiempo subjetiva y particular. Va a variar dependiendo de cada quién.

Cumplido dicho paso, es posible entonces incluir a la pareja en el juego, pero se debe de hacer la aclaración de que el rol de la pareja en este momento es "sumiso", es decir, no debe de creer que es ir directo a la penetración, y a dar embestidas frenéticas; todo lo contrario, es un rol de obediencia a las instrucciones que le esté dando la persona a la que se le estimula su región anal. La velocidad, ritmo, intensidad, y profundidad, las determina la persona estimulada.

Cada persona debe ubicar las posiciones que le resulten más cómodas para la práctica anal. Igual que en el sexo vaginal, hay posiciones en las que una persona puede sentirse más agradada o más excitada; y esto es fundamental para que la práctica sea placentera, encontrar la posición(es)  de mayor agrado.

La frecuencia con que se realice la práctica anal, la dicta la persona que recibe la estimulación, y otra vez se llega al punto de "es subjetivo", va a ser la frecuencia que genere agrado y placer, puede ser una de cada 5 ocasiones; o bien dos de cada cinco ocasiones; tres de cada cinco ocasiones;  incluso hay personas que prefieren la práctica anal por encima de la vaginal.

No está de más decir, que dicha práctica debe realizarse con preservativo, por la prevención de infecciones de transmisión sexual, ya que es un área que contiene materia  fecal, la cual puede causar infecciones. Igualmente, no sobra decir, que es necesario el uso de lubricantes a la hora de practicarlo, ya que como se explicó, no es un área que produzca su propia lubricación.

Ya hechas las precausiones, pues solo queda decir el sexo anal tiende a ser muy placentero, para aquellas personas que han tomado las precausiones de vivirlo apropiadamente, y que también es posible alcanzar el orgasmo por medio del ano, es cuestión simplemente de saber si es algo que se desearía explorar o no, y de tomarselo con calma, para que acabe bien.









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Desde hace algún tiempo hacia acá, he venido postergando la redacción de éste artículo breve, pero llegó el momento de no postergarlo más.  El fenómeno "bullying" por como se le llama en el idioma inglés, es un fenómeno social complejo, sí lo es, y amerita ser detallado bajo una lupa, para evitar caer en muchísimos de los errores que se cae hoy día por no detenerse a meditarlo.

Ante todo, el uso del vocablo en lengua inglesa no es correcto ni apropiado para un idioma que puede generar su propio nombre, pues el castellano sí puede nombrarlo y lo más importante seleccionar los términos correctos, que le den la connotación apropiada. Desde la lengua inglesa se entiende que la terminación "ing" implica una acción que se lleva en curso; y la palabra "bull" que significa toro, al combinarse con la terminación de acción implicaría que su traducción es "toreando". Para los efectos de la connotación que se le quiere dar en la sociedad actual, esta traducción no es aceptable y no comprende el conjunto de acciones implicadas.

Recientemente, asistiendo a una conferencia, escuché que los expositores cambiaban el nombre a "Victimización entre pares" para la lengua española, lo cual me pareció un enorme acierto, ya que la otra acepción que venía rondando en mi cabeza de "matonismo" todavía no terminaba de satisfacerme.

Ante todo y muy importante, es resaltar las últimas dos palabras: entre pares. Ello implica que es una situación que se presenta entre dos personas que tienen alguna igualdad de condiciones, como lo es ser compañeros de una misma clase, pertenecer a un mismo grupo de amistades, ser familiares en una misma etapa de desarrollo; tan solo por mencionar algunos ejemplos. Un padre o madre que llama la atención a su hijo, y lo hace públicamente, NO está cometiendo "bulliyng" , ya que no es victimización entre pares, precisamente porque no son pares.

La importancia de poder dar una connotación apropiada, radica en que se permite diferenciar y esclarecer cuál es la conducta que se suscita, las circusntancias que la median y los activadores de la misma.

El error actual, es meter dentro del mismo saco (bullying) a todo comportamiento, situación, acontecimiento y demás, que genere malestar emocional a una persona. Es un error grave, ya que no permite discernir la verdadera naturaleza de la situación, y los pasos a seguir.

El concepto de victimización, implica que es una acción recurrente, que afecta y menoscaba a la persona que lo recibe en su dimensión emotiva y cognitiva, que genera un malestar significativo y constante, y que la persona, ha realizado algún intento, aunque sea débil, de detener la acción. A pesar de dicho intento, quien le victimiza hace caso omiso, y persiste y perpetúa su comportamiento.

Entonces, en una victimización entre pares, un individuo recibe una acción por diversos medios (física, emocional, cibernética, verbal...) y al sentir que le lesiona, hace algún intento, aunque sea débil el intento, de detener la situación. El ofensor, a pesar de entender que le han intentado detener, persiste en su comportamiento y lo reitera.

Todo ello debe ser una conducta sostenida en el tiempo, es decir, no se debe entender una única acción como una victimización; debe de existir un patrón.

La primera vez que un adolescente insulta a otro, no le está haciendo victimización...   lo está agrediendo, física, emocional, o psicológicamente...  es una agresión, SI, pero todavía NO es victimización entre pares.

Un empleado hace mofa de otro compañero de trabajo, por alguna razón referente al desempeño laboral, puede entenderse en caso de ser sostenida como "acoso laboral", pero NO es victimización entre pares.

Un director(a) llama la atención a un estudiante por su forma de vestir...    en caso de existir una normativa de vestimenta, NO es victimización entre pares, es un llamado de atención de una autoridad a un estudiante a que cumpla con una normativa.

Un padre castiga severamente a su hijo, y lo hace de forma física, por una razón absolutamente irracional y sin sentido, ésto lo convierte en agresión, NO en victimización entre pares.

Éstos son tan solo algunos ejemplos del por qué es necesario separar los términos y las categorías, es decir existe el acoso, acoso sexual, acoso laboral, abuso sexual, abuso laboral, la agresión doméstica, agresión familiar, todas y cada una de ellas con distintas connotaciones y evidentemente son comportamientos inapropiados, pero no debe incluírseles a todas en una misma categoría, ya que tienen acciones, legales, jurídicas, penales, escolares y familiares distintas, y que cada una tiene maneras de proceder diferentes.

Sería bastante favorable comenzar a socializar esta nueva connotación en castellano, para poder entonces diferenciarla de otras formas de abuso, acoso y agresión, que también deben de ser erradicadas de las conductas de la sociedad.




 


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Articulos elaborados por Galo Guerra, Psicólogo y Sexólogo. Con la tecnología de Blogger.